La medida del bienestar

En el año 2006, cuando la economía europea todavía no había empezado a sentir el impacto de la crisis, la Encuesta Social Europea reflejaba que un 61% de la población de los 22 países que en ella se analizan creía que la vida empeoraba para la mayoría de sus compatriotas. La bonanza que entonces transmitían los indicadores económicos parecía no corresponderse con las percepciones de la población.

El desencuentro entre los datos que manejamos habitualmente (el PIB, principalmente) y el bienestar real de la población viene de largo. Como también tienen ya bastante recorrido las formulaciones alternativas que tratan de tener en cuenta no sólo los aspectos económicos de dicho bienestar, entre ellas el Índice de Desarrollo Humano, el Índice de Bienestar Económico Sostenible u otras menos conocidas, como las que ofrece la Base de Datos Mundial de la Felicidad o la Encuesta Mundial sobre Valores.

En los últimos años, hemos asistido a un interés renovado por alcanzar una medida más ajustada a la realidad del bienestar de las personas y quízás la novedad se encuentre en que han sido algunos líderes políticos occidentales los que se han puesto a ello. Así, Nicolas Sarkozy convocó en enero de 2008 a los premios Nobel Joseph Stiglitz y Amartya Sen para trabajar en comisión con varios premios Nobel más y otros economistas franceses y europeos sobre nuevas medidas del comportamiento económico y del progreso social. En el Reino Unido, que cuenta con una cierta tradición investigadora al respecto, incluso el Partido Conservador ha reclamado un acuerdo para establecer un indicador más adecuado que el PIB que permita llevar a cabo unas mejores políticas de bienestar. Organismos internacionales como la OCDE también están por la labor. Algo que en nuestro país no parece tenerse mucho en cuenta, a la vista de las reacciones, no excesivamente benevolas, que provocó en el año 2007 entre un determinado sector político y mediático una propuesta en Catalunya de tintes similares a la impulsada posteriormente en Francia.

gdp

Pues bien, el último avance en este sentido fue presentado el pasado 24 de enero por la New Economics Foundation (nef) que, en colaboración con el Instituto del Bienestar de la Universidad de Cambridge, entre otros, ha elaborado la primera propuesta de Contabilidad Nacional del Bienestar.

La propuesta parte de los resultados de la Encuesta Social Europea citada anteriormente, en la que se incluyó una batería de preguntas específicas para este trabajo con el fin de disponer de información para elaborar indicadores de la dimensión personal y la dimensión social del bienestar. Así, en la dimensión personal se incluyen el bienestar emocional, la satisfacción vital, la vitalidad, la resiliencia y autoestima y un funcionamiento positivo. La dimensión social es dividida en las relaciones de apoyo y la confianza y sentido de pertenencia. Adicionalmente, se incluye un tercer indicador de síntesis sobre el bienestar en el trabajo.

indicators

Los resultados generales y las lecturas que permiten tanto desde la perspectiva comparativa como para el análisis y las orientaciones en materia de políticas públicas son múltiples. En la página web www.nationalaccountsofwellbeing.org se puede descargar el documento con los principales resultados y acceder a todos los datos generados, así como realizar la encuesta para medir nuestro indicador personal y compararlo con todos los demás. Como muestra de resultados, destacaré sólo las siguientes cuestiones:

– Los países escandinavos y Suiza se sitúan en los primeros puestos en el indicador global, como era previsible, pero es interesante comprobar como el orden se altera cuando se tienen en cuenta por separado el indicador de la dimensión personal y el de la dimensión social. De este modo, España (9a en el cómputo general), alcanza el tercer puesto en la perspectiva social y queda en el puesto número 12 en la personal, situación inversa a la de Finlandia, Austria o Alemania. Una muestra de cómo el apoyo del entorno puede mitigar situaciones personales poco satisfactorias (algo importantísimo para la resiliencia de una sociedad).
– Una lectura más afinada permite ver que dicho bienestar social se sustenta más en las relaciones inmediatas (familia, amistades) que en el sentimiento confianza y de pertenencia. Y eso que estamos en el país del debate eterno sobre los nacionalismos (incluyendo, claro el español).
– A nivel general, es decir, tomando los resultados del conjunto de 22 países del estudio, los únicos factores que ayudan a incrementar todos y cada uno de los elementos que conforman tanto el indicador de bienestar personal como el de bienestar social son: la vida en pareja, la confianza en las instituciones y el tiempo dedicado al voluntariado. Tres aspectos que en nuestro país parecen evolucionar en sentido contrario. Por contra, la mejora de los ingresos, que eleva en todos los aspectos el bienestar personal, no tiene ningún efecto sobre el bienestar social.
– En el otro extremo, los factores que perjudican a todos los elementos de ambos indicadores son, sobre todo, estar condicionado por enfermedad o discapacidad y la inseguridad frente al delito. El resto de factores analizados (entre ellos: sexo, edad, etnia, religión, nivel educativo, empleo o desempleo, tener hijos, tiempo dedicado al trabajo, a ver televisión, etc.) tienen, o bien efectos ambivalentes o bien son irrelevantes para alguno de los indicadores utilizados.

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imagen: stock.xchng (www.sxc.hu)

Entre las implicaciones que se pueden desprender para las políticas públicas, el documento apunta a las cinco siguientes, asociadas a las cinco vías que conducen al bienestar:

Conectar. Los gobiernos deben modelar políticas que alienten a los ciudadanos a dedicar más tiempo con sus familias y amistades y menos tiempo en el puesto de trabajo.
Ser activos. Las políticas deberían promover más espacios verdes y animar al ejercicio y el juego, priorizando además la bicicleta y el andar sobre el uso del coche.
Comprender. Educar a las personas para permitirles desenvolverse mejor en la sobreabundancia de información.
Aprender continuamente. Políticas de aprendizaje a lo largo de toda la vida, para desarrollar nuevas habilidades, fortalecer las redes sociales y sentirse más capaces de afrontar los retos de la vida.
Dar. Construir la reciprocidad y el intercambio mutuo es la forma más simple y fundamental de fortalecer la confianza entre la gente y crear relaciones sociales positivas y comunidades resilientes. Los gobiernos pueden elegir invertir más en el “núcleo de la economía“: la familia, el vecindario y la comunidad que, juntos, actúan como el sistema operativo de la sociedad. Las políticas que proporcionan vías de participación e intercambio accesibles, agradables y recompensantes, permitirán que más individuos tomen parte en la vida social y política.

Lógicamente, los gobiernos locales tienen mucho que aportar al respecto, tal y como ya he comentado en posts anteriores. Del mismo modo, sería un ejercicio interesante trabajar sobre estos indicadores a escala local, lo cual es perfectamente posible, aunque quizás, al basarse en encuestas, resulte caro (para qué negarlo). Las administraciones intermedias, como las Diputaciones, podrían ayudar al respecto. Y además, como también propone el trabajo de la nef, estos indicadores deberían integrarse en un sistema integral de medida del bienestar que también incluya la habitual perspectiva económica y otras, como la ambiental o la de gobernanza. Al respecto, hay que tener en cuenta propuestas como la de los “mapas de tranquilidad“, que ofrecerían una aproximación al “bienestar territorial”, o los indicadores de transparencia gubernamental.

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Nota: Quiero felicitar desde aquí a Saamah Abdallah de la nef por el trabajo realizado y por la confianza otorgada en la difusión de este proyecto.

3 comentarios sobre “La medida del bienestar

  1. Como siempre, buen trabajo de contextualización y de análisis. Destacas -y no conocía el ejemplod eFrancia- algunos movimientos en en establishment, en el poder oficial, pero soy muy escéptico. El PIB es un gran mito, un oráculo difícil de mover, está pegado a fuego en el imaginario colectivo. Es una consecuencia del modelo de crecimiento económico y para ver otros índices alternativos como indicadores de cabecera tendríamos que ver el cambio de modelo…y eso, simplemente, me cuesta imaginarlo.

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  2. Estimados/as:

    Finalmente la comisión convocada por Sarkozy emitió su veredicto… el informe (desgraciadamente, en inglés) puede accederse desde este link: http://www.stiglitz-sen-fitoussi.fr/documents/rapport_anglais.pdf

    Me parece imprescindible para los/las preocupados/as por la aptitud del PBI para reflejar algo relacionado con el bienestar en una sociedad.

    A modo introductorio, adjunto un link a un artículo publicado en el diario argentino La Nación relativo a la presentación del informe. http://www.lanacion.com.ar/1175100

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