¿Hacia la sociedad del “pleno desempleo”?

El estallido de la crisis financiera y su posterior traslación a la economía real está ocupando, como parece lógico, el centro de la actualidad informativa en los últimos meses. La celebración, el próximo día 15 de noviembre, de la cumbre del G-20 para acordar la puesta en marcha de una agenda de reformas para la recuperación (dejemos en suspenso, de momento, la pretensión de “refundar el capitalismo”), deberá arrojar algo de luz sobre la capacidad de los Estados para actuar, al menos en el terreno de la recuperación de la confianza de la población.

Sin embargo, menos atención merecen las alternativas que surgen desde lo local: la capacidad de organización de las comunidades para satisfacer sus necesidades al margen, al menos en parte, de los avatares de la economía globalizada y su vulnerabilidad ante los movimientos financieros. Algunas excepciones recientes, como las aparecidas en La Vanguardia para hablar de los movimientos que promueven el intercambio o el desarrollo de monedas locales, todavía tratan estas experiencias con un cierto tono de condescendencia.

Pues bien, existen razones más que sobradas para pensar que la movilización desde lo local pueda tener una mayor influencia en la recuperación y en la propia transformación de las bases del sistema que todas las cumbres que vayan a celebrarse en los próximos meses.

Eso es así ya que esta movilización local encaja con una corriente de fondo, con un cambio estructural que se ha venido produciendo en los últimos años, y que dos autores italianos, Massimo Gaggi y Edoardo Narduzzi, han descrito en dos libros recientes: El fin de la clase media y el nacimiento de la sociedad de bajo coste y Pleno desempleo.

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En el primero de ellos, los autores refuerzan la idea ya bastante extendida de la progresiva desparición de las clases medias en las sociedades occidentales a partir del análisis del auge del fenómeno del bajo coste, la dualización del mercado de trabajo y la emergencia de una nueva clase consumidora en países como China y la India, que merecen una mayor atención de aquéllos que invierten en el sistema productivo. Asimismo, esta situación conduce:

…”a la crisis del Estado fiscal, es decir, del instrumento pensado para ejecutar el modelo de sociedad del bienestar. La máquina redistributiva pública y la de la recaudación que la nutre sufren dos crisis de legitimación contextuales, aunque distintas: por un lado, ya no existe un recurso de referencia -la base imponible estable, oferta segura y consistente de la clase media- que se pueda utilizar como fuente principal de financiación del bienestar; por otro, la sociedad de bajo coste percibe de manera original la utilidad social de las tradicionales estructuras y servicios públicos. Y esto es así porque la disponibilidad para secundar políticas fiscales muy recaudatorias es exactamente lo opuesto a la actitud mental de esta nueva clase de masas que también pretende de los organismos públicos la producción de servicios con costes cada vez más bajos.”

Aunque las propuestas contenidas en el libro para hacer frente a esta situación hablan de la necesidad de una mayor participación privada en la prestación de servicios, en Pleno desempleo introducen opciones diferentes:

…”podrían nacer tipos de economía de mercado cooperativista donde el superpoder del conocimiento y del capital se equilibra, efectivamente, por la presencia de organizaciones colectivas capaces de conseguir formas originales, pero legítimas, de redistribución a favor de los sujetos débiles de la sociedad y de la economía actual.”

Este cambio de punto de vista se corresponde con la formulación de lo que los autores denominan “el nacimiento de la sociedad y de la economía del pleno desempleo”, expresión con la que se refieren a nuevas formas de trabajo: tan distintas de las del siglo pasado como para aparecer a los ojos de la mayoría como una especie de no empleo, dada la eventualidad y la flexibilidad de puestos y contratos”.

La confusión entre productor y consumidor, debido a la cada vez mayor implicación del segundo en la tarea del primero, así como la libertad de autoorganización al no estar sometidos a las rígidas estrucuras empresariales, facilitan el surgimiento de estrategias altruistas en las que todos ganan (caso del crowdsourcing) y estimulan la cooperación en el seno de la comunidad: la proliferación de experiencias de intercambio de servicios (como los bancos del tiempo) serían una muestra de ello.

En definitiva, desde lo local, como ya he señalado en otras ocasiones, existe la capacidad de “mover el dial” del desarrollo económico local hacia frecuencias que nos proporcionen resultados más convenientes para la comunidad; algo que está por ver que consigan los dirigentes mundiales en cumbres como la de Washington.

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