El desarrollo local de la Soft Economy

Italia es uno de los principales campos de reflexión y de experimentación en el ámbito del desarrollo económico local en Europa. Una de las corrientes en auge en los últimos años, y que mejor expresa la búsqueda del equilibrio entre la globalización y lo local, es el de la denominada Soft economy, término que se utiliza de forma análoga al de Soft power: un poder blando, basado en la capacidad de convencer, influir y fascinar, teorizado por el politólogo norteamericano Joseph S. Nye en su libro Soft Power: The Means to Success in World Politics, – y quién sabe si llevado a la práctica a partir de ahora por Obama, como se comentaba en el New York Times el mismo día de su elección-, que se contrapone al “poder duro” de la imposición por la fuerza.

 

De acuerdo con esta analogía, la Soft Economy sería “una economía basada en el conocimiento y la innovación, en la identidad, la historia, la creatividad y la calidad; una economía preparada para conjugar la cohesión social y la competitividad, y de sacar fuerzas de la comunidad y el territorio”. Una economía, en suma, que comulga con valores que no se pueden reducir a rigideces productivistas ni se tienen que medir con criterios exclusivamente cuantitativos. Una economía que tiene en las tecnologías de la información y las comunicaciones y en el trabajo en red unos aliados cruciales para su desarollo en el futuro.

 soft-economy

El libro Soft Economy, del político Ermete Realacci  y el periodista Antonio Cianciullo, que constituye hasta el momento el manifiesto de esta corriente, consta de dos partes claramente diferenciadas. En la primera, una larga introducción, se nos exponen los fundamentos teóricos de esta Soft economy, que alcanza a la industria, pero también a la agricultura y el turismo, la participación social, el gasto y el consumo éticos y la responsabilidad social y territorial de las empresas, ilustrándolos constantemente con casos y ejemplos de la realidad italiana. Se descubre por qué empresas con marcas de fama mundial, como Ferrari, Benetton, Diesel o Geox mantienen sus sedes y una parte importante de su actividad en pequeños municipios, compartiendo territorio y valores con pequeñas empresas y microempresas, con artesanos y con campesinos.

 

La segunda parte está dedicada a mostrar 25 ejemplos, también italianos, de estas alianzas entre actividad productiva y territorio; 25 casos de éxito de empresas de todas dimensiones que han hecho de su entorno, del lugar en donde han nacido y donde se encuentran ubicadas, un activo fundamental de su competitividad, y que han encontrado en muchos casos la complicidad de la administración local y de la ciudadanía en su conjunto para reforzar este activo. Toda una demostración de que es posible explorar y transitar con éxito caminos alternativos en el desarrollo económico desde el mundo local.

 

La Soft Economy tiene, además, su brazo operativo en la organización Symbola, de la que hablaremos en otro momento.

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