Archivo de la categoría: Modelos de desarrollo local

Congreso MODELO (Afiprodel)

Los días 26 y 27 de marzo, 1 y 2 de abril, se celebran en Vimianzo y Corcubión, respectivamente, las sesiones del I Congreso de desenvolvemento MODELO (Marco de oportunidades para o Desenvolvemento Local), organizado por la Asociación Finisterrae de Profesionais do Desenvolvemento Local (Afiprodel).

Vale la pena, despues de tanto tiempo, recuperar la comunicación a través de este blog para informar de esta destacable iniciativa. Destacable, en primer lugar, por provenir de una organización (surgida de los propios agentes de desarrollo local, algo ya remarcable por sí mismo) que ha trabajado duro y ha sabido moverse para conseguir diversas colaboraciones institucionales y personales y dar forma a un sólido programa de debates.

Y en segundo lugar, destacable porque en estos momentos es muy necesario un debate sobre la materia y la profesión que trate de aportar una mirada fresca a unas políticas que muchas veces funcionan por inercia y en las que da la sensación de que poner en cuestión cualquier aspecto pueda poner en peligro incluso su propia supervivencia.

Enhorabuena, por tanto, a Afiprodel. Nos vemos en Galicia bien pronto.

Seguimos con la crisis

Efectivamente, medio año despues de mi última entrada la situación es bastante peor y las perspectivas no están ni mucho menos más claras. Entre tanto, he recibido algunos encargos de charlas y artículos con los que intentar, por lo menos, agitar algo el debate a escala local. Han aparecido también múltiples iniciativas que tratan de dar la voz a la gente (ver, por ejemplo: Tus ideas contra la crisis).

Ni que decir tiene que, a la vista de los resultados, seguimos mirando en una única dirección, que no es si no la misma de siempre. Cero alternativas, cero riesgo en las propuestas.

Bueno, pues desde luego no voy a ser yo quien saque a la Humanidad de esta situación, pero por lo menos ahí dejo dos artículos con algunas reflexiones que, aún siendo realizadas “con el freno echado”, parece que siguen sonando a chino (¡precisamente lo que no quería!).

…y oportunidades (I)

Vamos ya al capítulo de las propuestas. Propuestas que deben entenderse como amplias en su formulación, centradas en el marco de actuación del desarrollo local y prácticamente como una recopilación de reivindicaciones históricas en este ámbito (o, dicho de otro modo, muchas de esas cosas que siempre hemos dicho que hay que hacer, pero nadie se pone manos a la obra). Nada nuevo, seguramente, y eso es lo grave, porque no hemos aprovechado los tiempos de bonanza para hacerlo.

La primera y principal propuesta consiste en la ya varias veces explicada aquí combinación de respuestas “globales” con respuestas “locales”. Se trata, pues, de prestar más atención a la estrategia; de tomarse en serio la definición de una estrategia para la ciudad o el territorio, entendiendo que es posible, desde lo local, decidir hacia dónde se quiere ir y que, además, es posible combinar diferentes estrategias para atender necesidades diferentes.

observatoriPara ello, resulta esencial manejar bien la información y los datos que tenemos a nuestra disposición. Manejarlos bien significa ser capaces de representarlos, algo para lo que las herramientas de la web 2.0 han abierto una nueva dimensión, e interpretarlos (convertirlos en conocimiento, en definitiva), pero también manejarlos atendiendo a los requisitos de seguridad y protección de la intimidad. Tenemos, además, que mejorar nuestra capacidad prospectiva. En ambos casos, la clave está en dotar al territorio de observatorios que no se limiten a replicar los datos que proporcionan otras administraciones, sino que gestionen información de todo tipo para ponerla al servicio de la toma de decisiones.

Otra cuestión importante sería llegar a ser capaces de replicar en la planificación para el desarrollo económico el esquema de planificación territorial. Así como queda claro qué planifica un Plan Territorial, un Plan Director, un Plan de Ordenación Urbana, un Plan Parcial, y existe una clara interrelación entre ellos, no nos acabamos de poner de acuerdo en cómo planificar las estrategias económicas, lo que se traduce en un cierto caos en aspectos como la política de clústers (algo lógico en un país con más de 8.000 municipios, muchísimos de ellos con aspiraciones de albergar dentro de sus límites algo a lo que puedan llamar “clúster”).

Un tercer elemento, más específico, es la utilización del poder de estructurar el territorio y de generar ciudad del comercio minorista. El dilema ya no está sólo entre comercio “tradicional” y grandes superficies, sino que dentro del comercio “tradicional” encontramos diferentes estadios de modernización en la gestión, hasta llegar a las franquicias, normalmente modélicas en este apartado, pero cada vez más vistas como factores de despersonalización de los centros urbanos (ver en este sentido el trabajo de la New Economics Foundation sobre las “ciudades clónicas“).

Sobre la adopción de nuevos valores y la apuesta por la resiliencia ya llevamos bastante hablado en este blog. Simplemente insistir en que tanto la crisis como la eclosión de la web social y colaborativa son grandes oportunidades para que estos valores ganen terreno y condicionen algo más el movimiento del “dial” del desarrollo local.

Es preciso, también, en este sentido, afrontar una nueva relación entre campo y ciudad. Reconocer a lo rural su función productiva, además de la reproductiva que se le otorga fundamentalmente hoy en día, pero teniendo en cuenta sus peculiaridades. Es por ello que la planificación territorial y los modelos de las “mega-ciudades” o “ciudades-región” debe tener en cuenta realmente la concurrencia de diferentes realidades territoriales y no dejar simplemente “agujeros negros” entre las vías de comunicación.

setasDeberemos cada vez más ser capaces de gestionar conflictos territoriales: no sólo del género NIMBY (ver, en este sentido el manual que explica la superación de este tipo de conflictos en la planificación de centros penitenciarios en Catalunya), sino de formas más “sofisticadas”, como el mobbing rural o el cobro de determinadas tasas por el uso del espacio rural, que podrían considerarse equivalentes a las zonas azules de las ciudades.

También resulta interesante el surgimiento con fuerza de las políticas alimentarias, por cuestiones de salud (el debate acerca de la obesidad es uno de los que está sobre la mesa), pero también como política estratégica territorial (e incluso social), para ayudar a mantener esta actividad en los espacios periurbanos y, a la vez, mejorar la seguridad alimentaria. Ciudades como Londres ya cuentan con importantes programas al respecto.

En cualquier caso, parece que tenemos que empezar a pensar en serio en el valor del territorio en su conjunto, y contemplar el espacio rural como un espacio de oportunidades, no sólo como un refugio para el momento de crisis, sino como un espacio tan válido para vivir y para trabajar como la ciudad. Incluso una parte de lo que algunos llaman “clases creativas” así lo están valorando y poniendo en práctica.

El desarrollo local de la Soft Economy

Italia es uno de los principales campos de reflexión y de experimentación en el ámbito del desarrollo económico local en Europa. Una de las corrientes en auge en los últimos años, y que mejor expresa la búsqueda del equilibrio entre la globalización y lo local, es el de la denominada Soft economy, término que se utiliza de forma análoga al de Soft power: un poder blando, basado en la capacidad de convencer, influir y fascinar, teorizado por el politólogo norteamericano Joseph S. Nye en su libro Soft Power: The Means to Success in World Politics, – y quién sabe si llevado a la práctica a partir de ahora por Obama, como se comentaba en el New York Times el mismo día de su elección-, que se contrapone al “poder duro” de la imposición por la fuerza.

 

De acuerdo con esta analogía, la Soft Economy sería “una economía basada en el conocimiento y la innovación, en la identidad, la historia, la creatividad y la calidad; una economía preparada para conjugar la cohesión social y la competitividad, y de sacar fuerzas de la comunidad y el territorio”. Una economía, en suma, que comulga con valores que no se pueden reducir a rigideces productivistas ni se tienen que medir con criterios exclusivamente cuantitativos. Una economía que tiene en las tecnologías de la información y las comunicaciones y en el trabajo en red unos aliados cruciales para su desarollo en el futuro.

 soft-economy

El libro Soft Economy, del político Ermete Realacci  y el periodista Antonio Cianciullo, que constituye hasta el momento el manifiesto de esta corriente, consta de dos partes claramente diferenciadas. En la primera, una larga introducción, se nos exponen los fundamentos teóricos de esta Soft economy, que alcanza a la industria, pero también a la agricultura y el turismo, la participación social, el gasto y el consumo éticos y la responsabilidad social y territorial de las empresas, ilustrándolos constantemente con casos y ejemplos de la realidad italiana. Se descubre por qué empresas con marcas de fama mundial, como Ferrari, Benetton, Diesel o Geox mantienen sus sedes y una parte importante de su actividad en pequeños municipios, compartiendo territorio y valores con pequeñas empresas y microempresas, con artesanos y con campesinos.

 

La segunda parte está dedicada a mostrar 25 ejemplos, también italianos, de estas alianzas entre actividad productiva y territorio; 25 casos de éxito de empresas de todas dimensiones que han hecho de su entorno, del lugar en donde han nacido y donde se encuentran ubicadas, un activo fundamental de su competitividad, y que han encontrado en muchos casos la complicidad de la administración local y de la ciudadanía en su conjunto para reforzar este activo. Toda una demostración de que es posible explorar y transitar con éxito caminos alternativos en el desarrollo económico desde el mundo local.

 

La Soft Economy tiene, además, su brazo operativo en la organización Symbola, de la que hablaremos en otro momento.